BAJO EN GRASA, ¿ALTO EN SALUD?

La ingesta excesiva de lípidos causa estragos en la salud, pero consumir productos “bajos en grasa” no siempre es la mejor alternativa. Los alimentos con alto contenido de grasa traen consecuencias en la salud del ser humano. Como alternativa los consumidores optan por adquirir productos con indicaciones como “sin grasa”, “bajo en grasa” o “reducido en grasa”, pero, ¿es realmente una opción saludable? Estudios demuestran que este tipo de alimentos no necesariamente cuidan el bienestar del organismo, pues muchos de estos contienen otros ingredientes, como azúcar o sal, en cantidades que tampoco son recomendables. Incluso muchos de los que claman ser bajos o nulos en contenidos grasos tienen igual o más kilojoules que sus iguales regulares, por los altos contenidos de glucosa que se agregan para compensar el sabor. En pocas palabras, la mayoría de los productos procesados funcionan igual en el organismo. Lo ideal para el cuerpo sigue siendo la opción natural y fresca, como las frutas y las verduras.

LA CANTIDAD > Aun y cuando un producto se identifique como “bajo en grasa”, no significa que pueda consumirse sin medida. El exceso puede ser contraproducente, y terminar actuando como su contraparte regular. > Cada gramo de grasa contiene más del doble de kilojoules que cada gramo de proteína o carbohidrato, así que de todos los alimentos que comemos, los lípidos son los que tienen menos probabilidades de ser eliminados y, en consecuencia, es más fácil aumentar la grasa corporal. > Por si fuera poco, las grasas saturadas, encontradas mayormente en la carne, productos lácteos y alimentos procesados, aumentan el colesterol malo que obstruye las arterias, especialmente las trans, por eso hay que evitarlos lo más posible. > En ciertos casos, como la leche, se puede seleccionar la opción descremada con facilidad, o la carne se puede buscar sin grasa y cocinar de la misma forma, el problema entonces está en los alimentos procesados, en donde la lectura de la etiqueta se vuelve indispensable.

BUSQUE EL EQUILIBRIO En la intención por mejorar la salud y los hábitos alimenticios, considere balancear sus platos, las recomendaciones son: 1. Comer abundantes frutas y verduras. 2. Comer granos enteros, como avena, arroz integral y pan integral. 3. Seleccionar grasas buenas, como pescado, aceite de oliva, aguacate y nueces. 4. Ingerir carbohidratos de calidad, evitando los altamente procesados.

LEA LA ETIQUETA > Quitar por completo de la lista del súper a los procesados no es una opción práctica (más bien es casi imposible), por lo que es preferible revisar cuidadosamente los detalles que se indican en la información nutricional. > Muchas personas se concentran sólo en la cantidad de grasa que se encuentra en un producto, pero es igual de importante considerar las cantidades de sodio y azúcar por porción. > La sal en exceso, por ejemplo, se relaciona con la alta presión sanguínea, lo que incrementa las probabilidades de padecer ataques cardiacos o cerebrales.

DISÉÑELO USTED MISMO La calidad y la cantidad de lo que comemos va de la mano: las porciones desmedidas, aunque sean de alimentos saludables, pueden causar daños en la salud, por el contrario, los productos no saludables, a pesar de comerse en pocas cantidades, tampoco aportan beneficios. El número de calorías consumidas por día puede mantener, subir o bajar su peso corporal, por lo que saber qué tantas estamos ingiriendo es importante. En el caso de querer disminuir el peso, se sugiere una dieta de mil 500 calorías diarias, repartiéndola en tres comidas principales y dos refrigerios, quedando un aproximado de 300 a 350 en el desayuno, 325 a 400 en la comida, la cena de 500 aproximadamente, y un par de colaciones de 100 calorías cada uno. Si usted desea ser aún más preciso en la cantidad de calorías ideales para su físico, puede calcularlas multiplicando su peso actual en libras por 12, de esta cantidad reste entre 500 y mil calorías para obtener lo que debe ingerir en caso de querer adelgazar entre medio y un kilo a la semana.

Se recomienda no exceder la pérdida semanal de un kilo por semana para mantener una disminución de peso saludable y sin descompensaciones. Además, si su meta calórica está por debajo de las mil 200 es necesario agregarle un poco más, pues puede no estar recibiendo los nutrientes que su cuerpo necesita. Además, puede ser más complicado quedar satisfecho con lo que come y apegarse a su plan de pérdida de peso. Un dieta de 1,500 calorías bien balanceada aportará los nutrientes que el cuerpo necesita, la energía para las actividades cotidianas y satisfará su apetito sin hacerlo sentir “lleno”.

Las cantidades también deben ser balanceadas, por ejemplo si se desayuna abundante los refrigerios deben ser ligeros y la cena también. Busque un especialista que lo asesore al respecto.